viernes, 13 de febrero de 2009

EL ARPA CHOLA Y LA PIANOLA ETENANA

EL PIANO DE MANIVELA y LA MANDOLINA
Como no recordar a Don Rafael Isique Carrillo un hombre que se dedicaba a tocar el piano de manivela con dulce melodía.

Animaba los cumpleaños de aquellos etenanos, que le contrataban llevando su herramienta de trabajo en su espaldar a las casas de aquellas fiestas.

Este hombre no sólo tocaba para su tierra sino que era muy solicitado por otras ciudades vecinas como era Monsefú, Chiclayo, Reque, entre otras.

La mayor parte de su vida la pasó tocando su piano es decir hasta más de los 80 años.


EL ARPA
UBERDINO BARRIOS PUICAN, nuestro paisano con su ARPA chola y jaranera, dio a conocer el folklore musical y la originalidad de su inspiración.

La pluma anecdótica y festiva de Benjamín Calderón y Calle retrató de muy cerca LA JARANA CHOLA DE ARPA y de “causa bien jurriada”, y supe captar como “paisano” de Eten su fabla y sus costumbres de principio de siglo … y nos cuenta:

Después de la “octava del Amito Cautivo de Monsefú, se remataba en la Villa de Eten, a golpe de chicha mellicera y de arpa, con jalón de chinas a todo vale, y con marineras a pies desnudos”

Pero a veces por exceso de amistades, los dueños de casa se olvidaban de atender al Maestre y al Tamborista; éstos ni cortos ni perezosos, la voz la alzaba fuerte, y el tamboreador parecía romper el arpa:

MARINERE MIAN PEDIDE
TODES LUS QUESTAN BAILANDE
MARINERE ESTOY CANTANDE
PERO HASTORE NUE COMIDE
FINAL RESPONSO EN SOL MAYOR, POR
RECUERDO INOLVIDABLE DE LAS
IDAS ARPAS.

Entre los ARPISTAS: Teófilo Barrios Neciosup, Francisco Chafloque, Juan Francisco Ángeles, Tomás Barrios, (Thomasaco) y entre los TAMBORISTAS: Víctor Quesquén(Vitora), Baltasar Quesquén Ángeles(Bathasa), entre otros.

Fue clásica la figura del arpista de Eten: con la bocas del pantalón casi siempre remangadas y no dejaba tampoco en su trajinar el sombrero. A veces no confiaba de su ayudante: el tamborista o cajonero; pues el mismo se echaba el acariciado instrumento al hombro. ¡Había que verlo! Con el paso menudo y orgulloso acudía a las citas en las que solicitaban de sus servicios. Ocupaba el mejor sitio de la sala, fuera ésta con piso de madera o de tierra. Con exquisita habilidad el arpista el encordado de su arpa y allá iban los valses, las poleas y sobre todo esas sabrosísimas marineras resbalosas en las que hacía hablar al instrumento y relamerse a las parajes.

El arpista de Eten era también “poeta”. Solía escuchársele improvisaciones de todo color y sabor, dedicados a quienes abrazados o con los pañuelos al aire danzaban en aquellas hermosas fiestas en donde todo fraterna alegría con potajes realmente exquisitos, con música sencilla y bonita y … vida sí, mucha vida.

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